Ante la crueldad


Hay que criticar el texto del mundo…

Susana Toté


Lo que tengo para decir —que no es mucho…— podría decirlo de muchas maneras. (En verdad no soy yo el que lo tiene, sí resulta que a veces eso me tiene.) Elegí decirlo así en señal de bienvenida, para poder pasarlo ante quien sé que me escucha. Voy a tratar de abstenerme de las complejidades de la escritura, para entregarme a la simpleza de la conversación, que ojalá se dé entre nos-otros.

Me alegra estar aquí, en esta casa, que no es una casa de estudios sino un hospital. Un ámbito marcado por el nombre que lo nomina. Una casa que se rige por las leyes de la hospitalidad. Lo que desde sí, y no casualmente, la hace objeto de hostilidad por parte de discursos que ostentan poder. Viene al caso recordar que Lacan señala que las lógicas discursivas y el campo de verdad que abren en cada caso son solidarios del lugar, no del enunciado sino de la enunciación.

Ubicando el lugar desde donde se lanzó la convocatoria, con hospitalidad y con la hostilidad, entramos de lleno en el meollo del asunto. Ambas disposiciones parten de la misma raíz latina hospes que nombra al otro en tanto otro, al “extranjero”. El extraño que puede ser tratado como huésped o derivar al hostis que lo convierte en enemigo.


Para ir desplegando este ensamble que intento compartir con ustedes vamos a  recurrir a la ficción. Que está en la base de la estructura de la verdad. También a la ciencia ficción, que más que hablar del futuro da signos del presente; invento de la modernidad que Lacan nombra como la más verdadera de las ciencias.

Antes tendríamos que captar que un ensamble no se despliega en el plano ni alcanza dimensión con un solo giro sino de los restos que van arrojando los rodeos. En el plano siempre es posible quedar dando vueltas en redondo. Es necesaria una torsión para pasar a una banda de Moebius, banda en la que no basta una sola vuelta a la cosa para llegar al lugar en el que estamos, en ese caso son necesarios al menos dos. Con el tiempo lógico, para tropezar con un nuevo sofisma se necesitan tres presos pero también tres instancias. Con la trenza pasa algo parecido, el anudamiento se da tras seis cruces.

Hay que estar advertidos —aunque no non-dupes…— que no estamos en el mismo plano cuando hablamos desde el discurso del psicoanálisis que desde la filosofía. Ni cuando nos referimos al consultorio o a la sociedad. Ni cuando interrogamos al sujeto del inconsciente o al individualismo que se desprende del discurso capitalista que rige el mundo. Pero, ¿eso nos impide intentar decir algo sobre la cosa?

Así que aquí estamos, dando vueltas para para no quedar aturdidos como en la comedia de Molière. Extraer el tour de L’Etourdit nos autoriza a dar vueltas… sin el fin de conceptualizar. Quizás lleguemos a nombrar. Faltan nombres, están olvidados tras los dichos. Sin llegar a situarlos lo invisibilizado impera.


Hoy estamos ante una elección. Momento eminentemente político. Este hecho fáctico, ¿es sólo de un hecho social? ¿El psicoanálisis tendría algo que decir al respecto? “Tendría” que puede ser leído de diversas maneras: ¿es necesario que diga algo?,  ¿tendría algo que aportar?

Pero, el psicoanálisis ¿no es un oficio liberal? ¿No se trata de una práctica individual?  ¿Qué podría decir respecto a lo social o a lo político? Acusado de apolítico por sus detractores y, a la vez, defendido como tal por los propios practicantes. Ferenczi nombra la confusión de lenguas en análisis mientras Bernard Shaw señala que “una lengua común nos separa”. Para Lacan la dificultad de conversación entre los analistas es síntoma, en el que también acecha el riesgo de abandonar lo que el psicoanálisis nos enseña: como enseñarlo.

En el año 2000, en medio de la convocatoria a Los Estados generales del psicoanálisis Derrida dirige una pregunta a los psicoanalistas respecto de la crueldad y la soberanía. Reflexionando con la correspondencia entre Einstein y Freud, physis y psyché, posterior a la Primera gran guerra y previa a que se desencadene la Segunda Guerra Mundial.

Podríamos hacer un pequeño excursus y recordar “La Argentina de Tato”, un programa hecho (made in…) por los años noventa del siglo pasado, en la que se presentaba un estudio arqueológico de un argentinólogo alemán en el que se discutía con prueba controversiales, aunque no tan disparatadas como parecen si La Argentina había existido o no. Es otra forma de tomar la noción de soberanía —en cuestión en estos días— junto a un significante que nos re-presenta en el mundo: Desaparición…

Retomemos al filósofo, que pide al psicoanálisis que diga sobre la crueldad. Y, no sin razón, liga en ese algo por decir la pregunta sobre si se trata de una crueldad inherente al psiquismo, el gusto por el hacer sufrir o por el hacerse sufrir, o de una crueldad radical. Cuestiones que en Freud nos dejan ante el par antitético sadismo-masoquismo o ante la pulsión de muerte.

El estar llamados a una elección interpela a cada uno en un sentido ético político. Cuando no hay desde donde responder, eso enloquece. Aunque recuerden que también hay los irreventables que nombraba Lacan. Si no hay desde donde decidir, desde donde tomar la palabra, responde “el uno”, el impersonal. Heidegger plantea esto como existencia inauténtica, una existencia que se diluye en lo colectivo como guarida. Se actúa según lo que se hace, según lo que se piensa, lo que se dice, apelando a una masa anónima de otros para evitar la angustia frente a la responsabilidad, en la “opinión pública” como garante. Una forma de utilizar el espejo plano. Personalidad como sí diría Helen Deutsch, Winnicott falso self.

La reflexión freudiana en Psicología de las masas y análisis del yo nos conduce a la identificación. Esto nos permite conectar la crueldad con una antigua palabra de nuestra lengua que ha caído en desuso: cruentidad. La que quisiera dejar sobre la mesa de trabajo que propone este seminario. En principio vaciándola del campo semántico ligado a lo brutal y sanguinario, y acercándola a la consistencia que toman los discursos crueles en nuestra época. Finalmente para tratar de nombrar aquello que trabaja sin cesar, silenciosa y subrepticiamente.


Con Lacan tendríamos que estar advertidos de diferenciar lo sádico de lo sadiano. Estar “Ante la crueldad” nos lleva a preguntar ¿de qué crueldad estamos hablando? ¿Estamos hablando del sujeto cruel? ¿Del mal, de la maldad? Es necesario separar la idea de “gozar del mal” de la crueldad en la que estamos inmersos. Es preciso sacar la crueldad de lo subjetivo. Tomarla como nombre de la subjetividad de la época. “Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época” indica Lacan.

Tomemos a Hannah Arendt en nuestra ayuda, con su pregunta respecto al mal radical o la banalidad del mal. Que podríamos autorizamos a traducir con otros dos significantes: ¿ser vil ó servil?

Con la idea de mal radical la filósofa Arendt conceptualiza el intento de los regímenes totalitarios de eliminar la condición humana de determinados individuos, volviéndolos prescindibles, desechables, intercambiables; produciendo falta de reflexión y de compromiso ideológico. Munida de esta idea, como corresponsal del New Yorker, se dirige al juicio de Adolf Eichmann luego de que la Mossad en una operación clandestina de espionaje se lo llevara de Argentina. Arendt esperaba encontrar un monstruo: un sádico, al hombre que había implementado “la solución final” para exterminar incontables personas. Con Primo Levi podríamos preguntarnos Si esto es un hombre

Pero lo que sucede en Jerusalem cambia todo. Día tras día sigue el juicio. Los alegatos de los defensores y de los fiscales a los sobrevivientes y a los testigos, también el testimonio del propio Eichmann. La experiencia de la corresponsal la hará rectificar las ideas abstractas que había elaborado la filósofa.

El libro fue polémico dentro y fuera de la comunidad judía. Hannah Arendt encuentra un hombre “común” que da argumentos racionales de su accionar y lo transmite así. Alguien que dice haber obedecido órdenes, pensemos en las leyes de obediencia de vida aplicadas para cerrar los juicios que abre el Nunca Más. Alguien que explica con los motivos más insignificantes y triviales los males más horrendos, sin mostrar ningún placer en ello pero a la vez sin inmutarse por sus actos. Alguien que plantea que le ordenaron que implementara un método efectivo y económico para exterminar a gran cantidad de personas en poco tiempo.

La banalidad del mal sustrae el recurso de un motivo sádico, demoníaco. Eichmann, uno de los jefes de la Gestapo, una de las figuras principales en la implementación de la Solución final, del exterminio organizado en masa, el administrador de la deportación de millones de judíos a los campos de exterminio resulta ser según Hannah Arendt un mediocre burócrata o un técnico o un ceo eficiente. Arendt pone el acento en la utilización de un lenguaje burocrático cargado de frases hechas por parte de Eichmann, que denotan una desconexión radical con los crímenes genocidas cometidos.

Un burócrata con quien podríamos salirnos de las casillas en un trámite en un banco o dando de baja un servicio, un técnico con quién podríamos desesperarnos discutiendo los efectos sociales de la aplicación de medidas de ajuste en una planilla de excel para reducir los gastos de un hospital público o una universidad o recortes que producen el aumento de los índices de indigencia, la deportación de inmigrantes, la taza de desnutrición infantil o el aumento de la mortalidad, un ceo con quien podríamos discutir las consecuencias de una ley de empleo o el índice de despidos o de desempleo. Aquí vemos la incidencia de la cantidad en el discurso imperante en el mundo. Que a la vez no se diferencia en cualidad de la contra argumentación al respecto, ya que se justifica bajo el mismo marco económico-matemático, estadístico cuantitativo.


Pensemos ahora con Kafka las resonancias del título elegido para este seminario. Las que nos llevan a estar como el campesino del cuento aunque no Ante la ley sino ante la crueldad. Pero, la idea de cruzar o no el umbral espacializa un problema que es de otra estofa. Lo aplana. Dimensionar es decir. Sitiar, nominar, para dar lugar a que entre la mano. Que da vuelta, que gira, donando un envés.

Rompiendo el relato podríamos pensar históricamente. También nombrar este tiempo de Metamorfosis… Freud utiliza el término, no nos es ajeno.

Der Bau, La Madriguera, es un cuento inacabado de Kafka, uno de sus últimos escritos, publicado póstumamente. Trata de una criatura, parecida a un tejón, que construye una madriguera y que vive obsesionada con la fortificación de su guarida, con miedos paranoides sobre un enemigo desconocido que estaría acechando. La criatura trabaja incesantemente tejiendo su propio laberinto, un caparazón extracorporal. 

Freud lo habría usado como metáfora de la neurosis. Lacan no lo nombró, pero en el Seminario XXIV, cuando habla de su nieto y da la metáfora del lenguaje como una araña que se posa sobre la cabeza armando una telaraña no estaba tan lejos de pensarlo como el envoltorio que hacen los cascarudos de Oesterheld con el hombre en El Eternauta.

Ahora no sólo contamos con el lenguaje para embrollarnos y cocernos en nuestra propia salsa sino también con las redes, con la virtualidad y con el algoritmo de la Inteligencia Artificial para fortalecer canales sectorizados de interés que arman verdades que se universalizan.

No se trata de la verdad como Fake News sino de la totalización de la verdad como punto de vista en el sentido nihilista que plantea Nietzsche. En el campo político y en la sociedad esto se manifiesta en la falta de diálogo, en la imposibilidad de cruces de lenguas; de que acontezca la discusión con el otro.


Hagamos un paso atrás, hasta la primera ficción de Occidente, para nombrar lo último. Hoy por hoy elevada e intelectualizada, pero en su tiempo al alcance de todos y no sólo de los comensales del Banquete de Platón, es decir, en los círculos intelectuales. Me refiero a la Ilíada de Homero. Aunque también podríamos haber tomado como paradigma la primera tragedia, Los persas de Esquilo, para destacar el tratamiento respecto al enemigo que se da en la tradición griega antigua. 

El origen de la hostilidad se debe a la transgresión de las leyes de la hospitalidad por parte del troyano Paris. En el primer poema épico podemos marcar dos pares de personajes que hacen pendant: Aquiles y Héctor por un lado y Agamenón y Príamo por otro. 

Agamenón es el rey de reyes que comanda la asamblea de soberanos griegos, un mal rey. Tras, con artimañas, haber ofrecido en holocausto a su hija Ifigenia a los dioses para conseguir los vientos que lleven las naves a Troya, no imparte ni respeta la justicia entre sus pares. Ofende y desprecia a su mejor guerrero, Aquiles, provocando la cólera del pélida y su retiro del campo de batalla; lo que causa que los griegos pierdan hombres y terreno frente a los sitiados, que se envalentonan.

Príamo será el justo rey que aloja a Paris y a Elena a pesar de la ofensa que causaron y delega la defensa de la ciudad en su hijo Héctor. También será quien se adentre en las filas del enemigo para pacificar a Aquiles, arrodillándose ante él, besando las manos del asesino del hijo para recuperar el cadáver y así poder cumplir con los ritos funerarios que el príncipe merece. Si esto nos remite a Antígona no es por azar, La Ilíada y el Ciclo épico son la fuente sobre la que reescriben lo sagrado los poetas trágicos.

Aquiles, el mejor de los guerreros, será tomado por una cólera que se asemeja a la de los dioses, excediendo el límite de lo humano. Será quien, furioso, clame a su madre, la diosa Tetis, pidiendo que los griegos pierdan la guerra sólo por ser reconocido. Será quien se retira del campo y no escucha a Patroclo que le reclama que regrese a la batalla, a pesar de la ofensa recibida, por las pérdidas sufridas por sus compañeros. También será el que en medio de la lucha sangrienta toque la lira y cante dulces melodías. Aquel que enceguecido por la muerte de Patroclo, bajo las equívocas manos de Héctor, enfrente y humille al príncipe troyano ante los muros de la ciudad. Quien se ensañe con el cadáver, arrastrándolo día tras día alrededor de la muralla como acto de venganza. Alternadamente más y menos que humano, casi un dios y un animal salvaje. Hombre sólo  cuando choque con el reconocimiento en el acto de Príamo. Ya pacificado, asegurará la vuelta del rey a Troya y la tregua que permita los ritos funerarios. Así nos ofrece Homero  a Aquiles en la Ilíada. Al final de la experiencia en el punto más alto, inmortalizado en el canto cuando esté prometido a la muerte. 

Y por último Héctor. El príncipe que sostiene la muralla, la que caerá si él cae. Buen guerrero y buen señor. El héroe que sostiene la virtud guerrera pero también la virtud ciudadana. El que tendrá un diálogo de iguales —sólo comparable en la literatura griega con la conversación de Edipo con Yocasta en Sófocles— con su esposa Andrómaca. Y buen padre para Astianacte. El modelo que ofrece Homero a seguir es Héctor. No deja de ser llamativo para nosotros que el héroe paradigmático del poema no sea griego sino troyano. 


En otro extremo, tras El Príncipe de Maquiavelo y el despliegue del nihilismo, el descrédito de la función del Estado que señala Baker en 1915 detiene su caída con el Estado decisionista que Carl Schmitt aporta al espectro que recorre el mundo. En 1927 Carl Schmidt con su teología política replantea el lugar del soberano a partir del estado de excepción. Soberano es el que decide quien es el amigo y quien el enemigo.

Seguido a diestra y siniestra, el concepto halla concreción en la realidad fáctica sosteniendo las políticas de Estado. La separación del campo político del ético se encuentra en la base de la crisis de representación que atraviesa nuestro tiempo. El movimiento dado en la juntura de estos campos va del descrédito del Estado al imperio de un estado de descrédito ético que propicia lo peor…

El Estado decisionista moderno se funda como unidad trascendente en el repudio del otro, se trate de un enemigo externo o una minoría interna que queda excluida de la categoría de lo humano. Aquí encontramos el imperativo de la subjetividad de la época, la crueldad como nombre de la misma. Retomando lo trabajado: aniquilación, desaparición del otro en tanto alteridad. Una crueldad no en el sentido de lo sádico sino de lo sadiano, donde lo maquinal del proyecto matemático del mundo se manifiesta.

Podemos decirlo de otra forma, en clave de ciencia ficción. Tomemos el episodio Men Against fire de Black Mirror, que muestra soldados exterminando mutantes: cucarachas. Productos de otra Metamorfosis que la de Kafka. En España la traducción fue “la ciencia de matar”. 

El capítulo es protagonizado por el soldado Stripe, que forma parte de un batallón cuya misión es “limpiar” la zona de criaturas mutantes que llaman cucarachas (roaches). Los soldados llevan un implante neuronal que les permite detectar al enemigo y recibir información en tiempo real. Durante una incursión el dispositivo de Stripe comienza a fallar, se producen interferencias en el campo óptico que muestran alternadamente a la cucaracha como humana y al humano como cucaracha, antes de exterminarla. El fallo se repite y en el soldado entra la sospecha, inquietante, sobre la manipulación de la percepción respecto al objeto de odio. 

Al ser capturado por sus superiores, el proyecto M.A.S.S. (Military Assistance System) muestra el chip neural como un filtro de la realidad que transforma a las personas indeseables para el sistema en monstruos deformes, convierte el olor a sangre en nauseabundo y los gritos de dolor en chirridos inhumanos. A la vez que estimula los sueños con fantasías de felicidad y de sexo para lanzar a los soldados a una obediencia ciega que da paso al genocidio.

El final del episodio muestra a Stripe luego de haber decidido reiniciar el dispositivo, borrando los recuerdos y viendo al enemigo deshumanizado nuevamente. Como recompensa se le permite regresar al hogar, otra fantasía M.A.S.S., una casa abandonada y derruida aparenta ser Home Sweet Home con una bella mujer esperándolo.

La enemistad moderna no da lugar al espíritu del agón que podemos pensar con la Ilíada. Mientras que el juego agonista-antagonista permite la inclusión de la alteridad en la apertura de un campo de juego, la consistencia del enemigo abre las vías de la devastación del otro en tanto otredad. Dando lugar a la mundialización de la segregación que está en la base del campo concentracionario del que hablaba Lacan.

Faltan políticas de la amistad que, como diría Derridá, vienen seguidas del oído no del campo de la mirada. El ojo está captado por las redes del algoritmo, del hongo nuclear y del horror. Leyes no de la guerra sino de la hospitalidad solo pueden llegar de camino al habla, campo en el que nos pone nuestro oficio, si se da un apropiarse de la negatividad. 

¿Acaso esto no es lo que plantea Lacan en el Seminario VII respecto de la sublimación de la pulsión de muerte? Este apropiarse de la negatividad hace de envés a que la negatividad se apropie de… que haga al sujeto de su propiedad.


Mientras la realidad es virtual, el mundo es imaginario y sin ningún sentido. Es necesario escuchar al arte para dar lugar a que se oiga, en este caso la crueldad. Captar un imaginario fragmentado que deje ver. 

La palabra obsceno proviene de la Tragedia griega. Se trata de lo que ocurría detrás de la skené, del telón de fondo. Lo obsceno era lo quedaba fuera de la presentación teatral, del campo de la mirada. Llegaba al ciudadano que participaba de la tragedia a través del relato del mensajero. El mensajero desaparece en el teatro moderno. Que no necesariamente siempre es un teatro de la crueldad.

Si se representara cinematográficamente Edipo veríamos como Yocasta se ahorca y como Edipo se clava lo prendedores del vestido de la esposa-madre en los globos oculares. Y Kitano o Tarantino mediante, veríamos chorros de sangre saliendo a borbotones de sus órbitas. En la tragedia esto era relatado por el mensajero preparando el momento en que Edipo reapareciera en escena, con la máscara teñida de rojo y la túnica manchada de sangre.

La tecnología influyó en el arte, el cine desde sus inicios hasta las plataformas viene desplegando sus posibilidades junto con ella, al punto de convertirse en una industria. No hace falta esperar a las redes y la multimedia para palpar los efectos en la sociedad. Pensemos en la radio y la televisión, también en los escenarios del fascismo. El mundo se fue tornando espectáculo, cuando no Circo Romano.

Hoy por hoy estamos acostumbrados a ser espectadores de escenas de violencia, de tortura, de violaciones y vejaciones. Esas escenas entran dentro de la representación. Esa crueldad se despliega ante nosotros en las diversas formas del arte. Pero además, en las últimas décadas, viene dándose un deslizamiento respecto del lugar del héroe clásico, un cambio en la narrativa. Sin entrar en El Padrino, ni en Taxi Driver, ni Scarface o El Club de la pelea. El movimiento comenzó tiempo atrás, inicialmente con la contratación de actores de renombre para interpretar el papel de villanos. En films en los que el héroe aún ocupaba un lugar central en la trama. La cosa es que los villanos se robaron la película… En un cine que pone el acento en la identificación, despertaron más emociones y pasiones que el protagonista. Especialmente en las diversas sagas de Batman. En El silencio de los inocentes bastaron poco más de quince minutos de una brillante actuación para que un exquisito caníbal sostenga un papel co-protagónico sin competir con la heroína y gane una estatuilla.

Tanto en el cine como en los videojuegos los héroes clásicos han dejado de ser ideales de un moralismo intachable, fueron desplazados por los antihéroes. Personajes rotos y contradictorios, humanos… demasiado humanos diría Nietzsche. “Sujetos” que han pasado por experiencias violentas, crueles, catastróficas. En los argumentos prima el carácter psicológico, se presentan moldeados por un entorno social hostil. Es frecuente que tambalee su código ético aproximándose al de los villanos o entrando en zonas grises. Sus acciones suelen ser cuestionables, brutales, pero siempre motivadas por objetivos comprensibles… Lo que va reinstalando y haciendo circular una lógica maquiavélica: el fin justifica los medios.

A la vez tenemos las sagas de La guerra de la galaxia, donde el villano en la primera trilogía alcanza la redención, no sin un villano más villano por detrás sosteniendo la maldad. Pero a la vez la trilogía posterior pasa a escenificar la metamorfosis en villano. Anakin - Dark Vader no es la única figura representativa del caso, también tenemos la de  Paul Muad’Dib en la Duna actual. Y la ascensión de Walter White en Breaking Bad, a la que podríamos agregar la transformación de Artur Fleck en el Joker, que en sí ocupa un lugar destacado.

Tomando específicamente el persona del Joker, podríamos preguntarnos si están en el mismo plano el Joker de Joaquin Phoenix que el de Heath Ledger. Con estas dos interpretaciones volvemos al punto de la diferencia que hace Lacan entre el sadismo y lo sadiano. Agregando, además, que en el caso del Joker de Joaquin Phoenix nos encontramos con un ensamble desacoplado, la escena final muestra en la cara del actor la no relación entre su acto solitario y el caos social que, tras la sorpresa, lo lleva al paroxismo.

Destaquemos de esta vuelta que de la misma forma que queda deshumanizado el otro en tanto enemigo captamos un movimiento de humanización y de naturalización de la crueldad. Lo que sería sólo un estudio abstracto si no fuera porque la época se caracteriza por el ascenso de personajes irruptivos y a la vez disruptivos en el ámbito político.

Pero este deslizamiento no puede ser adjudicado a una conspiración universal. Los críticos del cómic y del cine de superhéroes se lo adjudican a un cambio de expectativa del público. Desde nuestro lugar de analistas pensar así también sería suponer una causalidad. El tema es que sí podemos tomar los efectos.

Por mi parte pondría estos efectos junto a una frase de Adorno: "El fascismo no fue solamente la conjuración que de hecho era, sino que surgió además de una poderosa tendencia social. El lenguaje le da asilo y en el lenguaje se manifiesta la oculta y creciente catástrofe como si fuera la salvación”.


Pasada la tragedia griega el circo romano pasará a sostener el imperio, reemplazando la dimensión que mantenía abierta la obra de arte en la pólis: la escena trágica. Marcando el pasaje del coro-actor-ciudadano al populus-espectador. Anticipando largamente el manejo de las masas que la tecnología reeditará en nuestra época. No sólo el fascismo montará el escenario, la masa será derivada de lo masivo de la manifestación pública a lo masificante de la pantalla privada.

Cuenta una anécdota de Agustín de Hipona que Alipio es arrastrado por compañeros de estudio al Coliseo. Pensando que pasaría la prueba por su decisión y superioridad moral, ya que había superado en una conversación con el amigo su aficción por el Circo Romano: las carreras de carros. En medio de la carnicería se produce un estruendoso silencio, lo que lo lleva a abrir los ojos. El efecto será que no podrá volver a cerrarlos. El ojo queda captado por la imagen de la crueldad. Como Butes, el corazón del espectador arde por ver…

A diferencia de lo dado quisiera comentar algo apenas esbozado en una entrevista. Irrealizado. Un movimiento parecido al que nombramos sobre un personaje que quiere mostrar el director. Pero no desde la psicología ni la identificación. De una manera que podría traer a nuestra época la presentación ciudadana que implicaba la tragedia griega.

Quisiera comentar en este recorrido un proyecto no llevado a cabo por Tarkovsky que va en una línea muy diferente que la que acabamos de señalar. Quizás vieron Stalker de 1971. El stalker guía a los hombres a La zona… en la que se cumplen los deseos. En la segunda película que proyectaba filmar, el stalker se volvía un fanático, un militante. Sabiendo que llegar a la Zona era lo mejor que le podría pasar al hombre, stalker sería capaz de raptar, de forzar, de llevar a la rastra a cualquiera a ese lugar. Munido de esa certeza absoluta quedaría tomado por la voluntad de poder.

Retomando a Kafka… ¿Acaso no es ajeno lo que nombra El Proceso…? Aquí, en este espacio de conversación, eso se presentó bajo la forma que encontró Silvia Bleichmar de hablar de la crueldad y la destrucción de la palabra, del nombre y del cuerpo del otro. De la dimensión de prójimo que el otro tiene. También habló de la destrucción del lazo social como política de Estado, pero ¿no es lo que nombraba Lacan en las escalinatas del Panteón? ¿No es lo que pone en cuestión el estatuto del discurso capitalista como discurso?

Esto nos da pie para traer a nuestro auxilio a la Antígona de Sófocles, la nombro así porque hay muchas, a pesar de que de allí ha huido el dios… Incluso no literarias, Raúl Cerdeiras tiene un artículo en en donde nombra a las Madres de Plaza de Mayo como Antígonas de nuestro tiempo. Las que alzaron la voz en la pólis para denunciar la desaparición.

La oposición de Antígona a Creonte. Κρέῶν (Kréon) deriva de la raíz griega κράτος (krátos): “fuerza”, “poder”, “dominio”. Antígona, una chiquilla, no se queda pensado… como Ismene o como el campesino de Kafka. Es la que alza la voz, la que trae el límite a esa voluntad de poder absoluta. La que invoca a los dioses, otra ley. 

Frente al νόμος (nómos) de Creonte, el decreto, Antígona invoca a Θέμις (Thémis), las leyes divinas no escritas. Hegel ve aquí rota la intermediación, falta Δíκn (Díke) la justicia en el mundo humano, la aplicación de la ley. Nosotros diríamos Nunca Más.

Dike, cuyos atributos eran la balanza y la vara —nunca doble—, pertenece al grupo de las Horas, hijas de Themis y Zeus. Junto a Eunomía, Buen gobierno, y Eiréne, Paz o pacificación. Lo que está dado vuelta en la época en que vivimos.

En el Seminario de La ética del psicoanálisis Lacan ubica a Antígona, en el espacio entre dos muertes. Entre la muerte biológica y la segunda muerte. Su acto, ético, la arranca del mundo y la envía ante el umbral de la segunda muerte —por el que queda devorada en la cueva, aunque no sin tener efectos trágicos sobre Creonte—. Marquemos al pasar que en Antígona no hay salida. Ni Ismene desde la obediencia, ni Creonte desde el poder, ni Hemón desde el amor, ni Antígona desde la rebeldía, encuentran forma de atravesar la problemática a la que se enfrentan.

Con el umbral que es la segunda muerte podemos nombrar el ante la crueldad que venimos rozando. La segunda muerte es eso que el tirano quiere infringir al enemigo, a Polinices. Se trata de la eliminación del otro, la necesidad de destruir la esencia del otro, el aniquilamiento total de la huella: Desaparición. 

Lacan ubica el acto ético más allá de la moral y de sus imperativos, que hoy no los determina el discurso religioso sino los dioses oscuros… La búsqueda de Lacan aquí es la de una ética que no sea la de los bienes, más adelante hablará de la lógica que impone la perversión moderna del discurso del amo, el discurso capitalista. Utilidad de lo inútil en un mundo unitario y utilitario, inutilidad de la singularidad del goce.

En el Seminario XIX Lacan intenta salir de la lógica de los predicados y las proposiciones. Recordemos que venía buscando un discurso que no fuera del semblante. Es ahí cuando dice que hay al menos una cosa que es real, de la única que podemos estar seguros: el número. Pero aún es necesario captar qué dice cuando dice número. También porqué elige decirle a los cuantificadores cuantores. Momento en que aclara que los cuantores no tienen nada que ver con la cantidad.

En la época de la imagen del mundo, la ciencia y la técnica encuentran sentido en la legalidad universal, la calculabilidad y la previsión. Heidegger habla del proyecto matemático de la ciencia y del pensamiento del cálculo. Ese proyecto desemboca en la técnica que emplaza la naturaleza. El Uno que Lacan descompleta en este seminario con el no-todo. ¿Uno de la ciencia, de la técnica o de la económica…? Modo de ver que sólo cuenta con el efecto que responde a intereses prácticos dominantes. Emplazamiento-de-la-naturaleza / proceso-de-acumulación, paso de la existencia a las existencias. Diálogo de la historia irrealizado: Heidegger con Marx, en cuyo haber el psicoanálisis debe aún deslizar un decir.

En el proyecto matemático de la ciencia el número es tratado como cantidad. La cantidad es una forma espacial de tratarlo. La forma que fogonea con la lógica de los bienes, que luego formalizará como discurso capitalista. El capitalismo propaga el privilegio del valor de intercambio sobre el valor de uso, al que habría que volver. En el plano político este tratamiento de la cantidad tapona el campo de lo político con la economía.

Luego de diferenciar la cuarta forma de la negación con los cuantores, se sirve de ella para pasar del Uno al no-todo, para salir de la lógica de la excepción y plantear el al menos uno. Este planteo reubica el trabajo de Freud sobre Tótem y tabú, dejando al hombre de horda del lado de Psicología de las masas y análisis del yo: ligado a la identificación.


¿Qué es lo que funda al psicoanálisis? El abandono de la hipnosis, de la sugestión. Podríamos decir, de la voluntad de poder sobre el otro. ¿Y no es de esa no toma del poder que confiere el analizante al analista en la transferencia que se sostiene el proceso analítico? 

El psicoanálisis nos enseña que el poder no es para ser usado. Si lo hacemos, nos usa…

La Carta Robada de Lacan gira alrededor de esto. Dupin sustrae la carta que estaba sufriendo —en souffrance…— para que siga curso, no para retenerla. Ni siquiera para abrirla, leerla o descifrarla. Capta que si toma la carta la carta lo tomará a él, como hizo con el ministro y antes con la reina.

Esto es otra cosa que el planteo que se encuentra en el inicio de la filosofía, La República de Platón. Aunque sí está presente en otros discursos. ¿Tolkien, por nombrar uno, no dice lo mismo con Frodo y el anillo de Saurón, el anillo del poder? También Heidegger, con quien Lacan indica una fraternidad en el decir, cuando plantea otra disposición en la era de la técnica: Gelassenheit, serenidad y deshacimiento, a la vez.


Detengámonos un instante a reflexionar cómo la violencia y el crimen vienen entrecruzándose con la locura y el delirio, con crímenes pero también con suicidios, con lo individual y con lo colectivo. Casos silenciosos que se conversan en ateneos, y otros que toman estado público y conmocionan a la sociedad civil. Donde se produce un cruce de discursos y de dispositivos: periodístico, jurídico, social, psicológico; es decir, de maneras disímiles de interpretar los hechos. 

Nosotros tendríamos que entrarle a la cosa por el lado psicopatológico, por el brote, por las voces, la imposición, el delirio, etc. Pero también podríamos captar en las locuras resonancias de otro imperativo. Que no necesariamente impulsan el acto, pero que pueden contextuar, colorear. Un imperativo que domina el mundo actual. Bajo la investidura de las injurias y de la violencia, impera otro imperativo: matar. Rige la idea de que el mundo sería mejor si ‘el otro’ no existiera…

Ese imperativo puede ponerse en acto de diversas maneras. Pero también en una época de guerras, de masacres y genocidios. Masacres que pueden ser ante la vista de todos o silenciosas. Con armas, con motosierras o con planillas de cálculo.

Es necesario criticar el texto del mundo. En A la historia, ¿se entra por el síntoma? Susana Toté plantea que lo actual de la época determina los modos en que se presentan los síntomas. Las modalidades individuales que adquiere el plus de goce. Dado que lo real actual determina los modos de existencia y de presentación del síntoma.



Hospital Alvear 20/10/2026

Presentación en el Seminario Ante la Crueldad

Haces

En la ciudad hay espacios de reflexión sobre la encrucijada que aflige al país, pero no hay “donde” los analistas tomen la palabra. Ni caja de resonancia de lo político.


No hay donde los analistas interpelen la crueldad —que enfurece, duele, demora y engulle—. No hay donde hacerse responsables, donde llevar la necesidad de camino al habla.


Poner el coro de la tragedia, los cuerpos resonantes, en la escena ética de la práctica plantea en el horizonte la voz.


Lo real de la época, lo que nos queda a la espalda, ordena la fuerza a la forma. No hay ética posible si esto sucede.


Lo que le da forma hoy en día es el deseo de matar, de acabar con la voz. Con eso, ahí, puede resistir lo in-humano que resuena entre la escucha y el mundo.


En esta circunstancias, la sesión abierta es encuadre, en el que Haces abre el juego al intento de dar la palabra. A la posibilidad de querer decir. Que es lo que permite interrumpir el discurso. Pues la expresión interrumpe la forma y libera la fuerza.


Tienen la palabra los que ponen la cosa en práctica…




Haces, Sesión abierta del 7/10/23